Category: Desarrollo Humano y Liderazgo

  • El Diagnóstico Humano: Un estudio 360 grados de honestidad (Variación #279)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Feedback cualitativo: Aprendizajes de exjefes y colaboradores (Variación #254)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • La escucha activa en equipos de alto rendimiento (Variación #304)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Liderazgo activo: Superando la gestión transaccional de equipos (Variación #285)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Inteligencia emocional y el mito de la autoexigencia implacable (Variación #235)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Inteligencia emocional y el mito de la autoexigencia implacable (Variación #476)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • El Diagnóstico Humano: Un estudio 360 grados de honestidad (Variación #335)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Feedback cualitativo: Aprendizajes de exjefes y colaboradores (Variación #436)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Inteligencia emocional y el mito de la autoexigencia implacable (Variación #204)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Feedback cualitativo: Aprendizajes de exjefes y colaboradores (Variación #153)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.