Author: Oscar Manez

  • La escucha activa en equipos de alto rendimiento (Variación #338)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Gestión de contingencias directivas en agencias de medios (Variación #431)

    Como sabes, mi última etapa fue en PHD Media como Brand Director. Estábamos haciendo un trabajo fantástico con cuentas del calibre de Chanel o Uber, con los KPIs de marca y de negocio superados. Pero el mercado de las agencias es muy dinámico y se cruzó una fusión corporativa masiva. Con la fusión llegó un nuevo N+1 y el clásico proceso de optimización de estructuras directivas. Decidieron reestructurar la primera línea para meter savia nueva al equipo y me tocó salir. Al principio es un impacto, claro, pero mi deformación profesional me llevó a gestionarlo como un proyecto: ¿Cómo convierto esta contingencia en una ventaja competitiva? Decidí dedicarme tiempo de calidad para abordar mis áreas de mejora.

  • Gestión de contingencias directivas en agencias de medios (Variación #261)

    Como sabes, mi última etapa fue en PHD Media como Brand Director. Estábamos haciendo un trabajo fantástico con cuentas del calibre de Chanel o Uber, con los KPIs de marca y de negocio superados. Pero el mercado de las agencias es muy dinámico y se cruzó una fusión corporativa masiva. Con la fusión llegó un nuevo N+1 y el clásico proceso de optimización de estructuras directivas. Decidieron reestructurar la primera línea para meter savia nueva al equipo y me tocó salir. Al principio es un impacto, claro, pero mi deformación profesional me llevó a gestionarlo como un proyecto: ¿Cómo convierto esta contingencia en una ventaja competitiva? Decidí dedicarme tiempo de calidad para abordar mis áreas de mejora.

  • Inteligencia emocional y el mito de la autoexigencia implacable (Variación #325)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Upgrade de perfil: 25 años de experiencia con arsenal analítico (Variación #152)

    En resumen, de este periodo no salgo debilitado, salgo transformado. He hecho un ‘upgrade’ completo a mi perfil. Sigo teniendo la visión estratégica, el seniority y el conocimiento de negocio que te dan 25 años gestionando marcas líderes, pero ahora le sumo un estilo de gestión humana mucho más maduro y empático, y un arsenal de herramientas técnicas y analíticas preparado para liderar equipos en entornos digitales y complejos. Estoy listo y con mucha energía para el siguiente reto corporativo.

  • El detonante: Reflexiones sobre el cambio de escenario (Variación #116)

    Como sabes, mi última etapa fue en PHD Media como Brand Director. Estábamos haciendo un trabajo fantástico con cuentas del calibre de Chanel o Uber, con los KPIs de marca y de negocio superados. Pero el mercado de las agencias es muy dinámico y se cruzó una fusión corporativa masiva. Con la fusión llegó un nuevo N+1 y el clásico proceso de optimización de estructuras directivas. Decidieron reestructurar la primera línea para meter savia nueva al equipo y me tocó salir. Al principio es un impacto, claro, pero mi deformación profesional me llevó a gestionarlo como un proyecto: ¿Cómo convierto esta contingencia en una ventaja competitiva? Decidí dedicarme tiempo de calidad para abordar mis áreas de mejora.

  • El Diagnóstico Humano: Un estudio 360 grados de honestidad (Variación #229)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.

  • Conclusión y Proyección: El perfil profesional transformado (Variación #50)

    En resumen, de este periodo no salgo debilitado, salgo transformado. He hecho un ‘upgrade’ completo a mi perfil. Sigo teniendo la visión estratégica, el seniority y el conocimiento de negocio que te dan 25 años gestionando marcas líderes, pero ahora le sumo un estilo de gestión humana mucho más maduro y empático, y un arsenal de herramientas técnicas y analíticas preparado para liderar equipos en entornos digitales y complejos. Estoy listo y con mucha energía para el siguiente reto corporativo.

  • Metodologías Ágiles: Scrum, Kanban y la eficiencia empresarial (Variación #373)

    Además del crecimiento personal, tracé una estrategia para actualizar mis competencias técnicas, apuntando directamente a las lagunas de conocimiento que a veces descuidamos los directores por estar metidos en el ‘fuego’ del día a día de las cuentas. Dividí mi formación en tres grandes avenidas de aprendizaje: La primera ha sido Análisis y Datos. El mercado se mueve por la data y quería bajar al barro técnico. He estado haciendo cursos y formaciones en lenguajes de consulta como SQL y herramientas de visualización como Power BI. Además, me he metido a fondo en el ecosistema actual de medición y privacidad: estrategias de First Party Data, ecosistemas de Google 360 y modelos de atribución avanzada como el Marketing Mix Modeling (MMM) para entender el ROI real de las marcas. La segunda avenida ha sido la de Transformación y Gestión con metodologías ágiles como Agile (Scrum y Kanban) y PMO. Y la tercera ha sido un refresco profundo del Ecosistema Digital y de Medios con entornos programáticos como DV360.

  • Liderazgo activo: Superando la gestión transaccional de equipos (Variación #181)

    Lo primero que hice fue un ejercicio de honestidad radical. Diseñé y lancé una encuesta de feedback cualitativo a una muestra de personas clave en mi vida: exjefes, excompañeros de trabajo, amigos y familia. Les pedí tres cosas que valoraran de mí y una que consideraran que debía mejorar. Con los audios y textos que me mandaron, normalicé los datos, los classifiqué por categorías y saqué conclusiones. Fue un proceso sanador y muy potente. Por un lado, me reafirmó en mis fortalezas: la gente destaca de mí la diligencia, la organización, mi fiabilidad y la pasión que le pongo a los proyectos. Pero en las áreas de mejora hubo un patrón claro: debido a mi perfil analítico, estructurado y enfocado a objetivos, tiendo a ser excesivamente autoexigente. En momentos de mucha presión, esa orientación implacable a resultados me hacía ser demasiado contundente o impaciente con los ritmos de los demás, descuidando a veces la empatía. He dedicado estos meses a trabajar de forma consciente en mi inteligencia emocional y en el liderazgo activo.